sábado, 23 de enero de 2016

RIETE DE TI MISMO


Ríete cuanto más puedas. Es señal de muy buena salud. Tienes necesidad de reírte de ti mismo, para demostrar que eres persona normal. Luces tu categoría, si sabes reírte de ti mismo. Tomas muy en serio tu vida, cuando te ríes de ti mismo.

Cuando te pones serio, o te tomas en serio, das verdadera lástima. Al tomarte en serio, eres un payaso sin ninguna gracia, un tonto sin pena ni gloria. No cometas la mayor y más soberana necedad de tomarte en serio. Con ello, lo único que consigues es endiosarte, desfigurarte, haciéndote un antipático repelente.



Ríete con ganas, sin temor a exagerar, pues siempre te puedes reír mucho más de ti mismo.

Analízate, con buen humor, decidido a sacarle punta a todas tus actuaciones.

Puedes estar seguro de que te sobrarán motivos para reírte de ti mismo.

Eres tú mismo cuando te ríes de ti mismo. Estas desfigurado, cuando te falta el sentido del buen humor. Dios se goza en ti cuando te ríes de ti. Al reírte de ti mismo, eres auténtico, humilde. Cuanto te ríes de ti mismo, demuestras que eres humano, con todas sus consecuencias. Vives en la verdad, al aceptar que eres mortal, limitado, que te equivocas. Al reírte de ti mismo, relativizas lo relativo, reconociendo con gallardía y buen humor que sólo Dios es Dios.

Aficiónate, pues, a reírte de ti mismo. Ríete de ti mismo cuanto puedas, cuantas más veces puedas. 

Proponte llegar a ser un verdadero profesional en esta materia, esforzándote en reírte siempre, continuamente, de ti mismo. Este trabajo de reírte de ti mismo, de tus "originalidades": rarezas, meteduras de patas, ocurrencias, olvidos, manías, limitaciones, fallas, reacciones instintivas... es no te quepa la menor duda una ocupación muy divertida y muy beneficiosa. Es una fuente inagotable de sorpresas.

Riéndote de ti mismo, descubrirás facetas, inéditas y sorprendentes, de tu personalidad.

"Anormalmente" sueles poner cara seria, adoptando posturas solemnes, empleando lenguaje complicado, dramatizando todo lo que te sucede. Normalízate, poniendo buen humor en todo lo que piensas y haces, teatralizando actitudes, riéndote hasta de tu propia sombra.

Reírse de uno mismo es hacerse niño, es ser original, humano, auténtico. No te des aire de importancia, no sea que te hinches cual globo de feria, aparentas subir y terminas en ceniza. Para no cometer tan olímpica payasada, remédate, ríete de ti mismo, de tus poses, de tus chifladuras, de tu manera de ser y expresarte.

Si encuentras un caricaturista, págale con generosidad, para que te haga una cuantas caricaturas de calidad, que te obliguen a recordarte que lo más serio que puedes hacer en tu vida, es tomarte a broma, reírte de ti mismo. Coloca, pues, estas caricaturas en lugar muy visible, para que te mantengas en permanente actitud de reírte de ti mismo, y lo hagas, a tiempo y a destiempo, pues todo tiempo es bueno para reírse de uno mismo.

Eres sabio si eres humano.

Eres humano si sabes reírte de ti mismo. Siempre te hará bien el mirarte en el espejo, para reírte de ti mismo.

Este consejo es muy práctico, sobre todo, cuando estás enfadado.

Reconoce que no sabes hacer bien el papel de payaso. Te empeñas en hacer lo que no debes, y haces el ridículo miserablemente. Ridiculízate, a conciencia, para ser inteligente. Eres verdadero artista cuando sabes reírte de ti mismo. Te burlas de ti mismo si te tomas en serio. Tomándote en serio, te absolutizas, te endiosas, te idiotizas. Tu categoría es ser humilde, persona real. Eres humilde cuando sabes estar en tu sitio. No eres ni dios ni infalible. Eres humano, limitado, débil, pecador.

Te engrandeces cuando tomas, muy en serio, a Dios, y sabes reírte de ti mismo,

comprendiendo y disculpando las debilidades y fallos de tus semejantes. Porque sabes, o al menos, quieres aprender a reírte de ti mismo, jamás te ríes de nadie.

Haz pequeños gestos de reírte de ti mismo. Un gesto repetido, se convierte en un hábito, en una actitud, en una forma de ser. Tómale gusto a reírte de ti mismo, hasta que lo llegues a hacer programa de tu vida. Analízate, examínate fría e imparcialmente buscando motivos para reírte de ti mismo. Pon mirada de buen humor a todos tus pensamientos y acciones, para que vivas al día: vivas seria e intensamente.

No te olvides nunca de que tu vida entera transcurre bajo la mirada del Dios buen humor que, por ser todo-amor, le encanta verte feliz. Dios se goza al verte riéndote de ti mismo, pues, al reírte de ti mismo, te humanizas, te divinizas, te asemejas a él.

¿Reírte de ti mismo, no será tu manera de convertirte, de descubrir tu verdadera belleza original, de auto-liberarte interiormente, de demostrar tu personalidad y comenzar a ser, verdaderamente, tú mismo?

Fuente: 

José Luis Alonso

No hay comentarios.

Publicar un comentario

© Terapias
Maira Gall